Articulo de Ignacio Vasallo | TUTANKAMON

TUTANKAMON

    

Una vez superado el intimidante guarda que te para al llegar al estacionamiento, te obliga a abrir el maletero del coche para inspeccionarlo y  apunta la matrícula, sin que le haya dado tiempo a aprender dos palabras básicas del idioma español: gracias y por favor, entras en un espacio de eficiencia germana. Puedes aparcar muy cerca del Pabellón 5 en el que tiene lugar la Exposición, no hay colas en la taquilla puesto que la mayor parte de las entradas se han vendido por internet con horario asignado. Cada grupo entra al tiempo, recoge su audioguía y va visitando conjuntamente las  salas, sin agobios, para terminar, como anunciado en una hora y media. No puedo evitar acordarme de la acusación del anterior Director de la Galería de los Uffizi, Eike Schmidt a algunos de sus compañeros porque regentaban los museos como si fueran supermercados . Este es un supermercado, caro -20 euros la entrada de adultos y 10 la de niños de entre 3 y 12 años- pero de una calidad extraordinaria.

Inevitablemente los puristas se quejaran de que lo que se ve son reproducciones y no los originales, pero lo mismo pasa con la Roma romana, la Alhambra y El Partenón, en los que solo una pequeña parte es original, por poner algunos ejemplos y nadie duda de que visitar esos lugares sea una actividad de turismo cultural. En esta época  de turismo cultural de masas lo que importa es el “selfie”. Ya en 1936 Walter Benjamin se quejaba de que desde la litografía, el arte ha ido perdiendo su carácter originario de obra única e irrepetible.

Pero esta magnífica exposición  va todavía más allá; es puro “ersatz”, que según el ”Cambridge Dictionary “es algo que se usa en lugar de otra cosa porque esta es demasiado cara o rara, el ejemplo histórico era el de la mantequilla y la margarina. Arte original y “ersatz“ terminan teniendo una demanda conjunta. El ejemplo más claro en España lo tenemos en Altamira donde original y copia conviven a solo unos metros de distancia.

Al cabo de muy poco tiempo el arte originario y el “ersatz” se mezclan en la mente de los consumidores. A pocos de los que visiten esta exposición les preocupara que no hayan visto los originales en el Museo de  El Cairo, con mucha más gente, peor organización, y desde luego inferior didácticamente.

La muestra sigue le escuela de los comisarios y directores de museos escandinavos, exportada a Estados Unidos  y a otros países según la cual tan importante como el objeto es la explicación y la organización.

En la primera sala se  describe el Egipto de las dinastías, las tumbas de los faraones y las excavaciones, para luego pasar a la proyección de un documental sobre el descubridor   de la de Tutankamon, Howard Carter y el financiador de la aventura, Lord Carnarvan, seguro que adinerado, pues era el propietario de la mansión de los Crawley de Downtown Abbey.

Con los conocimientos recién adquiridos se puede ya entrar en materia, siguiendo exactamente el orden en el que Carter hizo los descubrimientos en noviembre de 1922 en el Valle de los Reyes, cerca del actual Luxor. Primero la abarrotada antecámara y el llamado anexo que, en conjunto contenían unos mil objetos entre ellos cuatro carros desmontados. No todas las copias están expuestas pero basta para comprender la inmensidad de lo que viene después.

La cámara del sarcófago es la única decorada. El sarcófago con la momia estaba en el centro, dentro del último de los ataúdes realizado en oro macizo y que contenía la momia del faraón con su célebre máscara también de oro. Los otros dos superpuestos eran de madera chapada en oro. 

Todo ello dentro de cuatro  capillas encajadas construidas en madera y recubiertas de oro, maravillosamente grabadas, la última con la procesión fúnebre del Faraón. Es imposible no reconocer la belleza de los trabajos de aquellos orfebres que hoy serían considerados grandes artistas. La capillas están expuestas en orden de mayor a menor en una especie de paseo que termina con el sarcófago y la máscara, mientras que en las paredes se reproducen las escenas de la única sala decorada y que representan escenas del libro de los muertos.

 La parte final de la exposición incluye los maravillosos objetos que se encontraban dentro de las capillas o en su exterior como como los barcos para el viaje por el rio, los vasos canopos con las entrañas del Faraón, el increíble trono de una belleza apabullante y algunos de los objetos  recuperados de la “cámara del tesoro “. Una gozada. Adultos y niños a partir de los cinco años disfrutaron y se ilustraron sin preocuparse de si los bellos objetos eran imitaciones.

TUTANKAMÓN LA TUMBA Y SUS TESOROS SE EXPONE EN EL PABELLÓN 5 DE IFEMA HASTA EL 19 ABRIL

 

 

  

  Ignacio Vasallo

 

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