Si Orwell nos hiciese una tortilla de patatas en 1984 a 1400 metros sería como esta?

& La Tortilla de patatas is mine.

MONTE, HUERTA Y TORTILLA DE PATATAS

Aunque muchos son los que no me cococen voy a mojarme y adelantar alguno de mis defectos. Soy algo presuntuoso, un poco soberbio y, definitivamente, bastante marisabidillo. Español a tope, en suma. Por eso me jacto de saber algo de cocina, de ingredientes, de gastronomía....., palabreja presuntuosa donde las haya. Claro que me apoyo para esta impúdica jactancia en años de devoción al asunto de los fogones, de dilatada experiencia internacional, de veneración a los mercados de abastos, de abuso continuado en las visitas a los buenos figones...ya les decía que era algo soberbio. Total, que me he forjado un criterio gastronómico, para bien y para mal, que soy un convencido dualista, como cualquier chino que se precie de distinguir, y asumir, los famosos jin y jang. Por eso voy a osar ofrecer, gratis et amore, unas pinceladas sobre el asunto del epígrafe y una receta de tortilla de patatas.

Huyendo de fantasmas innombrables - nombrarlos sería, desde luego, políticamente incorrecto - hace seís años me instalé en el monte, en una maravillosa finca de montaña con casa solariega ubicada en la cota 1400 de Gredos oriental. Un auténtico monte, lejos del depravado llano y poblado por bosques caducos y perennes. En compañía de una variada fauna doméstica y salvaje, eso sí. Intentamos todos ejercer la libertad dentro del orden montuno y sorteando las mil y una trabas administrativas al uso. Trabas, por cierto y a lo gran hermano orwelliano, cada día mayores, abstrusas y reductoras del famoso libre albedrío. Prohíbe que algo queda.

Mi monte pertenece al dominio castellano, abulense y tembleño. El pueblo está en la cota 700. Mi caserón, distante 11 kilómetros, la dobla. El clima es por tanto montañés, lo que se traduce en un diferencial de siete grados de temperatura y bastante más lluvia y nieve. La casa es de la época del ilustrado Carlos III, construída con muros de granito de un metro de espesor y madera de castaño, materiales disponibles en el entorno inmediato. Mis antecesores llevaron a cabo obras de mejora pero yo he puesto las guindas en forma de electrificación solar, abundancia de cuartos de baño y hasta jacuzzi. Para mitigar mi voluntaria soledad he decidido abrirla al prójimo educado.

El paisaje es de esos que los ingleses califican como breathtaking, que cortan la respiración. Mis fronteras se extienden cuesta arriba desde los 1200 hasta los 1650 metros, acotando dos microclimas vecinos: el de media montaña, relativamente templado y de flora generosa, y el de alta montaña, más extremo y con flora rala, a base de pino, cambrón y piorno. Desde la casa "1400" se contempla, ininterrumpido, el horizonte oriental, con amaneceres luminosos y con vistas a la urbe madrileña, a los valles del Tajo y Alberche y a la imponente sierra de Guadarrama. Si remontamos hasta la zona alta se disfruta de la visión completa del valle de la Yedra, con su robledal y castañar en primer plano, teñido de amarillos en otoño, de grises en invierno y de tres tonos de verde en verano, los intensos del pinar subyacente, el manzana de los castaños y el pardo del roble. Desde la inmediata cota máxima del cerro del Traviés o de Casillas, se puede otear un panorama de 360 grados, contemplándose en los horizontes cardinales hasta veintiseís provincias de España, practicamente todas las de la meseta sur y de Andalucía, incluyendo las sierras de los Montes de Toledo, de Úbeda, Espuña o Cazorla, la mayor parte de las castellano-leonesas, las extremeñas y alguna de las aragonesas. Las mayores altitudes de las cimas de Gredos impiden la visión del vecino Portugal. 

    Las noches oscuras de luna nueva son propicias a visiones impactantes, tanto del universo, como del llano moteado de capitales y pueblos. Ambos compiten en número de puntos luminosos. Orientados por la polar, que nos indica el norte, se pueden observar a simple vista las constelaciones más características de la Vía Láctea: Tauro, Orión, Escorpión o Sagitario. Y las estrellas aisladas más bellas, Vega, Procyón o  Betelgeuse. Por supuesto el más luminoso de los astros, Venus, que aparece al alba y en el ocaso, y los planetas de temporada, recorriendo el coliseo cósmico en noble y lenta competencia. Mirando hacia abajo se extasia uno ante la vista del valle del Tajo, una especie de reflejo de la Vía Láctea que recuerda las visiones de aproximación desde un avión.

    Desde siempre he opinado que en el epícureo mundo occidental que nos invade - no todo va a ser hiel - vivimos para comer. No comemos para vivir, cosa propia de las hambrunas de antaño y del lejano subdesarrollo. Y para beber, y para gozar, y........ En mi monte dispongo de alguna huerta en la que cultivar ingredientes que saben a lo que deben, como antes de la globalización. Los plantones los adquiero an la aldea vecina de Villa del Prado y el "Cucharas", de edad desconocida cercana a la de Matusalén, me hace los honores de su cultivo. Las patatas y las judías verdes son sencillamente insuperables. Los judíones recién recolectados, pochos, junto a las verduras de caldo cocidos a fuego lento son de rechupete. No precisan ni de chorizo. Calabacín, un tomate prodigioso, hierbas aromáticas, berenjenas, acelgas, coles, manzanas, pepinos y lechugas contribuyen a formar la paleta multicolor de mi huerto. Su bondad sin embargo no se debe tan solo a los amores de Cucharas y del que esto escribe; la tierra, negra y ácida, y el abundante agua de manantial contribuyen lo suyo.

Por otra parte, hay que  mencionar la cosecha de monte. En cabeza destacan las setas. Boletos edulis, regios, aereus, níscalos, setas de cardo, negrillas y capuchinas, senderuelas, barbudas, rúsulas, parasoles... hacen mis delicias y la de mis invitados. Castañas y bellotas, tiernas, jugosas y dulces, contribuyen a la ingesta calórica preinvernal. También me brinda el monte hierbas olorosas, corujas de arroyuelo para inmejorables ensaladas e ingredients de infusión, tomillo, té de roca, orégano. A no olvidar los huevos granjeros de mis gallinas, patos y ocas. Para rematar esta pléyade de ingredientes menciono por último los cabritos lechales del vecino hato del "Catalo" y los quesos de lujo elaborados con leche de cabra en la vecina Ladrada. ¿Como no tener criterio con semejante paleta?

Y para terminar hoy me toca hablar de la tortilla de patatas. Con patatas de mi huerto y huevos de mi corral, por supuesto. Vaya por delante una loa absoluta a la reina de la gastronomía popular española. A buen hambre no hay pan duro, aunque lo mejor es saciarla con una buena tortilla de patatas. Acompañada de pan candeal recién horneado, claro está. Mi tortilla no admite mas que los dos ingredients indicados en su nombre, aceite de oliva virgen extra y un pellizco de sal. Punto. La cebolla es para otros paladares o para los que no saben hacerla jugosa. Y sin más dilación hay va el método.

 Seis hermosas patatas blancas, Mona Lisa de preferencia, son suficientes para una tortilla de talla familiar. Se lavan con piel para quitarles la tierra y se mondan. Se cortan en trocitos de un grosor apropiado de un centímetro. Aparte de baten las claras de seís o siete huevos de granja, se añaden las yemas y un chorrito de leche entera. Se mezcla todo bién y se suma un pellizco de sal gorda. Hay que cocinar las patatas en abundante aceite, primero muy caliente y luego a fuego más templado, de manera que las patatas ni se frian ni se cuezan. Deben quedar enterizas y pochadas. Sin escurrirlas en exceso se incorporan a los huevos y se dejan impregnarse bien durante no menos de media hora. Luego se cuaja la mezcla en sartén bien caliente mojada con un poco de aceite. Dar la vuelta a la delicia no es asunto baladí. Olviden el golpe de muñeca peliculero, factible solo cuando el condumio está practicamente seco. Yo lo hago con mi juego de tapaderas de sartén, aptas para todos los diametros.  Hay que conseguir una textura interior que sin dejar el huevo crudo, con desagradables "mocos", presente una ligazón que en la boca da la sensación de un buñuelo de viento, haciendo redundantes los dientes y muy necesario el paladar superior. Esta tortilla en caliente es manjar de dioses; en frío es apta para el bocadillo de excursión e inmejorable para el resopón de las largas noches de juerga. Que la disfruten.

para ver mas cosas sobre Julio y alguna receta, seguir este enlace.  http://blog.fincalayedra.es/

Para hacer que la tortilla sea sideral y galactica, añadir un puñadito de setas Magicas Balinesas......

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